Con la autoridad que le da la historia, esa que ha labrado a pulso, con trabajo, esfuerzo, dedicación, humildad y convicción, Uruguay celebra su título 15 en Copa América, el torneo más antiguo de selecciones en el mundo.
“No se gana porque sí, yo creo que hay causalidades y no casualidades”, así lo expresó Óscar Washington Tabárez durante la rueda de prensa posterior al partido que sus dirigidos ganaron con contundencia 3-0 a Paraguay, en la edición número 43 de la Copa América.
La causalidad de un proyecto iniciado desde 2006, el mismo que ‘El Maestro’ construyó, preparó, moldeó y concluyó con un merecido trofeo. El elogio a un verdadero y serio proceso. Proceso que apoyaron y entendieron los directivos charrúas, porque a pesar de no haber tenido una buena eliminatoria rumbo a Sudáfrica 2010, en la que al final tuvieron que disputar el repechaje ante Costa Rica para obtener el último cupo, sabían que el tiempo y la perseverancia les darían la razón.
En el continente ‘negro’ lograron con méritos propios centrar la atención a un país de tan sólo 3,4 millones de habitantes y 176 mil kilómetros cuadrados, siendo el segundo país más pequeño de Suramérica en cuanto territorio después de Surinam. El cuarto puesto en el mundial los llevó a recibir adjetivos superlativos, a ocupar titulares en los principales medios de comunicación deportivos y augurar un futuro promisorio.
Y hoy, 378 días después de esa Copa Mundo, Uruguay festeja con sabor a gloria. La gloria de ser los reyes de América, gracias a un plantel de lujo: Fernando Muslera, Maximiliano Pereira, Diego Lugano, Sebastián Coates, José Martín Cáceres, Álvaro González, Diego Pérez, Egidio Arévalo Ríos, Álvaro Pereira, Diego Forlán, Luis Suárez, en la línea titular. En la suplencia: Juan Castillo, Martin Andrés Silva, Diego Godin, Mauricio Victorino, Andrés Scotti, Walter Gargano, Cristian Rodríguez, Edinson Cavani y Sebastián Abreu.
Jugadores que en el pasado vieron, escucharon, leyeron las gestas históricas de sus compatriotas. Esos que sembraron y cultivaron la semilla del triunfo. Muchos recuerdan, otros escuchan hablar del famoso Maracanazo. El golpe charrúa que recibieron los ‘cariocas’ en su propio suelo en el marco del cuarto campeonato mundial en 1950 (1-2 marcador final). La hazaña estuvo en cabeza de Juan López, el gol de la victoria nació de los pies de Ghiggia. Uruguay se convirtió en la defensa más firme al recibir, durante todo el torneo, 5 goles y 173.850 espectadores fueron testigos de algo que muchos pensaban imposible, que el anfitrión fuera derrotado en su propia casa.
Desde ese 16 de julio de 1950 el fútbol uruguayo empezó a hacer eco a nivel mundial y hasta el día de hoy ha sido consecuente con esa historia, ganándose el respeto a nivel continental, porque los títulos así lo ratifican: 2 mundiales (Uruguay 1930, Brasil 1950) 15 Copas América (1916, 1917, 1920, 1923, 1924, 1926, 1935, 1942, 1956, 1959, 1967, 1983, 1987, 1995, 2011), dos medallas de oro en Juegos Olímpicos (1924 y 1928)
A nivel de divisiones juveniles: 7 campeonatos suramericanos (1954, 1958, 1964, 1975, 1977, 1979, 1981), subcampeona de la Copa Mundial de Fútbol 2011, subcampeona del Campeonato Suramericano en 1991, 2005, 2011, con la sub 17 y subcampeones en el campeonato suramericano sub 15 en 2007.
El legado de los gladiadores del Maracanazo se ha perpetuado en el tiempo y los que aún siguen vivos son fieles testigos de que por la sangre charrúa corre coraje, fuerza, amor y un sentimiento inconmensurable que generación tras generación se engrandece.
Con el sello Forlán – Suárez, dupla de oro
“Son Gardel” título en su edición del 21 de julio de 2011 uno de los principales diarios deportivos de la República Argentina, Olé. Como los mejores tangos del cantautor gaucho Carlos Gardel, los goles y asistencias del dúo maravilla son celestes.
Luego del pitazo final por parte del brasilero Sálvio Fagundes, Diego y Luisito sellaron su triunfo con un abrazo inseparable. Las dedicatorias retumbaron cada lugar del estadio Antonio Vespucio Liberti, mejor conocido como el Monumental de Núñez y haciendo elogio al nombre del mítico escenario deportivo, la victoria conseguida gracias a los tantos de Suárez (elegido mejor jugador y 4 dianas anotadas) y Forlán (que con 31 goles alcanza el record de Héctor Scarone como máximos artilleros en la selección) fue monumental.
“Este título significa mucho. Mi abuelo lo ganó, mi padre lo ganó y ahora lo gané yo. Tres generaciones se llevaron este torneo, no se debe dar todos los días. El apellido Forlán quedará en la historia”, sentenció el rubio haciendo referencia a que su padre, Pablo Forlán, también ganó esta Copa en 1967, bajo la dirección técnica de Juan Carlos Corazo, abuelo de Diego. Como quien dice, la dinastía Forlán está condenada a vestir su casa de oro y engalanarla con trofeos y medallas.
¡Brindo por ti Uruguay, por tu fútbol impregnado de garra y corazón celeste!
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