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‘Cali Centenario’

Febrero 07 de 2012
‘Cali Centenario’

Hace unos días anuncié públicamente (en mis cuentas de Facebook y Twitter), mi ruptura oficial con el Deportivo Cali tras 29 años de relación. Creo que si hubiese anunciado un embarazo prematrimonial a consecuencia de una relación adultera, no hubiera obtenido una respuesta de tal magnitud. Recibí mensajes de preocupación y condolencia de aquellos que me conocen y entienden la implicación de esa ruptura en mi vida. También, recibí llamadas de alegría de quienes me han visto sufrir, llorar y patalear y celebraban el regreso del sentido común a mi vida. Y, obviamente, no hizo falta la ocasional propuesta indecente sugiriendo que comience un amorío con otro club, a lo cual respondí: primero muerta.

Pero hoy me retracto con el derecho que me otorgan estos 29 años de devoción absoluta. No ver el Pascual Guerrero del todo vacío en el partido contra el Caldas me hizo reconsiderar mi posición. Y es que creo que si ya aguanté lo peor, otro año de relación ni me quita penas ni me aumenta glorias. Pero ante todo, me retracto porque siento una actitud de cambio en la única fuente capaz de lograrlo: los socios.

Ahora, esta no era la columna que iba a escribir. Tenía otra preparada a manera de manifiesto de separación que entraba en detalle de las causales de la ruptura definitiva con el equipo. “De los Amores Nocivos” titulé dicha entrada y montaba un argumento (bastante válido, además) en el que dibujaba un paralelo entre mi relación con el Cali y las relaciones de amor tormentosas que todos vivimos en algún momento dado. Y, sin duda, lo sentí así. La pasión se torno nociva cuando el club perdió el rumbo bajo el mandato de presidentes y directivos corruptos que se dedicaron a desangrarlo. Dañaron la integridad del equipo cuando lo convirtieron en un agente de bienes raíces dedicado a la compra y venta de “propiedades”. Y, en su defecto, una bastante incompetente. Pues vendían jugadores por cualquier precio con tal de ganarles algo en vez de dedicarse a conseguir títulos para por lo menos darles un valor agregado. Además cualquier estrella hubiera silenciado a los hinchas y socios, que al mantenerse contentos, no hubieran nunca llegado a reaccionar como lo hicieron durante las últimas asambleas del equipo, una que incluso necesitó de intervención policial para mantener la calma. Pero ante todo, entendí que esta relación se había tornado tormentosa cuando no encontraba ninguna razón presente que justificara mi amor. Y vivía de un apego absurdo que me llevaba a ver en las glorias pasadas (y ya casi antiguas) un motivo para seguir soñando con la posibilidad de un futuro feliz.

Se respira un aire de cambio. La última asamblea congregó a un número de socios nunca antes visto y dejó una junta directiva prestante y experimentada. Con Oscar Astudillo comandando el comité ejecutivo, se siente en nuestra nación verdiblanca la restitución de la confianza, muy similar en efecto a lo que causó la llegada del Presidente Uribe a las filas de mando de nuestro país en el 2002. Y sí, me acepto muy poco objetiva cuando de este equipo se trata, pero creo que el estado mental general de la hinchada lo siente igual. La asistencia del sábado pasado al Pascual confirma esto. Muy pocas veces ha estado tan lleno con un equipo atravesando un mal momento y en apenas la segunda fecha del torneo. 

Se manifestaron los socios, los hinchas están firmes apoyando y ahora le corresponde a este “Cali Centenario”, devolverles la integridad al club y al equipo. Es esencial volver a los valores y fundamentos que cimentó Alex Gorayeb, nuestro dirigente más histórico. Pues, más allá de la ausencia de títulos, era la falta de integridad de los dirigentes lo que estaba acabando con la institución. Después de todo, yo duré dieciséis años yendo al estadio sin creer que las 5 estrellas que vestían sobre el escudo podrían ser seis. A mí papá le tocó aguantarse los veintiséis enteros, pero la devoción y la lealtad hacia el verde del Cali era absoluta. Pues mi Cali era una institución de orgullo. Fue el primer equipo Colombiano en alcanzar una final de libertadores y fue de los pocos equipos intachables que se blindaron contra las fuerzas del narcotráfico. El Cali era el Cali de Jorge Olmedo, de Mario Desiderio y Jorge Amado Núnez. Del Maestrico Arboleda, de Willington Ortiz, Bernardo Redín y del gran ‘Pibe’ Valderrama. Y, en mi época, de grandes como Miguel Calero, el ‘Gigo’ Mafla, Victor Bonilla y la ‘Pelusa’ Peréz. De Arley Betancourt y Mario Alberto Yepes. Y, claro, de Mayer Candelo, Alex Viveros, Gerardo Bedoya y Faryd Mondragon.

Y con la mención de estos últimos surge una dicotomía difícil de manejar no solo en el Cali, sino en el FPC. Tres de esos cuatro jugadores fueron subcampeones de la Libertadores del ’99, y el último fue arquero titular de nuestra selección en el último mundial que jugamos hace casi 15 años. Algo está verdaderamente mal con el nivel de nuestro fútbol profesional cuando los héroes de generaciones pasadas siguen jugando y, lo que es peor, sobresaliendo en la liga. No me malinterpreten, admito la realidad de la Dimayor y celebro el regreso de Faryd a nuestra puerta. No solo porque es una figura imponente y respetada que asumirá un liderazgo necesitado en el Cali, sino porque, incluso cojo y tuerto, es infinitamente más arquero que los últimos que hemos tenido, incluyendo al actuante. Pero no puedo evitar sentir un retroceso significativo al celebrar la llegada y validar la vigencia de esta camada de veteranos. Es casi como una imitación al proceder equívoco de la Federación que buscó siempre la solución al futuro intentando revivir glorias pasadas.

Por eso admito que mi descontento no es específico a mi equipo, sino general y extendido a la liga profesional. ¿Cómo es posible que en la final de la última temporada hayamos visto a Juan Carlos Henao, el mismo que recibió los cuatro tantos que nos dieron la estrella del ’98, tapar los penalties contra el Junior? ¿Cómo explican el regreso de Alex Viveros y el intento de negociar a Hamilton Ricard para que regresara de delantero titular,  y que, además, no se logró porque el señor se dio el gusto de decir que no? Y, con todo y eso, insisten en afirmar que la nuestra es la 8va liga más competitiva del mundo. Me perdonan, pero esa estadística solo podría soñar con ser cierta si la cuenta es regresiva y de abajo para arriba. La Dimayor está en deuda. Desde su imagen que parece de circo mexicano, llenando los estadios con publicidad inflable, hasta la calidad de su espectáculo que es realmente paupérrima.

Todas esas “estrellas” de hoy, fueron figuras y jugaron en su mejor momento en esta liga también. Y aunque el Cali volaba en el ’98, Millonarios y América le hacían partido. Nuestra liga está sufriendo desde sus cimientos. Se ha vuelto una recolecta de jugadores viejos, lentos y delanteros con problemas de sobrepeso y calvicie. Nuestra selección está conformada casi en un cien por ciento de jugadores que militan en ligas extranjeras. Y si bien me siento muy orgullosa al ver triunfar a los nuestros afuera, no entiendo porque nuestra liga es tan pobre.

Y, en este contexto, es bastante criticable que el Cali, siendo la única institución real con socios y con algo de estabilidad, no haya aprovechado para sacar ventaja y solidificarnos. Tenemos estadio, dos sedes, socios, cantera (que además nutre en un alto porcentaje a las selecciones inferiores de Colombia), pero no tenemos triunfos, ni tenemos equipo. Pues las pocas veces que durante estos años conseguimos algo de estabilidad, dígase con la presencia de Pablo Batalla o de los Álvarez, surgía una venta irregular o alguna “inconsistencia” en los contrato que hacia que los jugadores claves salieran, alterando el balance que se había logrado.

Pero, bueno. Como dice el gran filósofo de nuestra generación: “Lo que pasó, pasó”, y  ya vendrán cambios y mejores tiempos. Lo se. Lo siento. Y, aunque hubiera preferido publicar la otra columna por se mucho más ingeniosa, no nació aquella con la intención o posibilidad de lograr ser cierta. No puedo renunciar al Cali, aunque a veces me de motivos para hacerlo. Lo amo desde que nací y moriré sin poder remediar eso. Así que si bien la metáfora del amor nocivo aplica, no es del todo cierta. A diferencia de esas relaciones de tormento diario (y no tan solo semanales como estos), este amor es ingenuo y genuino. No busca hacer daño, ni causar reacciones ni vive de resolver complicaciones. No se basa en miedos, manipulaciones y dependencias casi adictivas que no nos permiten soltar y seguir. El amor por el equipo es sencillo y cierto. Es de detalles pequeños que nos mueven y nos llenan. Ver un estadio repleto y coloreado con el verde de nuestra bandera. Hacer temblar el suelo para darle la bienvenida al equipo y gritar la histeria del GOL en perfecto unisón. Sufrir juntos el descontento, los nervios y el dolor de una derrota. Y, sentir la hermandad incógnita de miles almas que, lejos de tornar este sujeto en un amor nocivo, lo convierten (sencillamente), en la más grande pasión.

Cumplimos cien años de historia. Es imposible dejarlo ahora. Pero el Cali tiene un proceso arduo por delante en el que tendrá despertar ese amor incondicional en los hinchas. No hay derecho que pudiendo ser tanto, no lo seamos. Hay que devolverle el orgullo y la grandeza al club. Hay que recordar y celebrar las pasadas glorias que son el cimiento de nuestro amor, pero hay que trabajar hacia nuevos triunfos que lo mantengan vivo y solido. Y hay que recibir este centenario con un gran abrazo de goles, alegrías, triunfos y estrellas. 
--
E.
@EnaOssaEslait
blogs.eoe@gmail.com

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Eña Ossa Eslait

Eña Ossa Eslait
Nació en Barranquilla, creció en Bogotá, pero su familia, su padre y su alma pertenecen, sin duda, a la ciudad y al equipo verde de Cali. Dice que el mejor regalo que recibió en su vida fue el nacimiento de sus dos hermanos, porque se sintió acompañada al completar con ellos un trió enfermizo de hinchas verdiblancos. Eña, como la llaman desde niña, creció en la época dorada del fútbol nacional y desarrolló un fanatismo no solo por su equipo y su selección, sino por el deporte en general.

Se graduó en el 2004 de Cine y Literatura de la Universidad de Miami, y en el 2005 regresó al país para comenzar a desarrollar actividades referentes a su carrera. Es de pasiones variadas e intensas, y cada una de estas se refleja claramente en todo lo que escribe. Por eso, aprovecha con gusto la oportunidad que tiene de hacerlo sobre una de las cosas que más ama; el fútbol.

Eña se une al equipo de bloggers y periodistas de www.golgolgol.net, donde será la encargada de darle al portal y sus lectores otra visión del acontecer futbolístico mundial e internacional.

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