Credibilidad en juego
Febrero 23 de 2009Perder es una situación común en el fútbol. Ningún equipo del mundo, por más poderoso e histórico que sea, puede darse el lujo de exhibir un palmarés desprovisto de partidos sin victorias, goles en contra, dificultades o desaciertos. Sin embargo, lo riesgoso de las derrotas es su recurrencia, no sólo porque significa que las críticas y los análisis siempre van a ahondar en los matices negativos, sino en razón a que se pone en tela de juicio algo que no tiene precio: la credibilidad.
Las malas campañas que cumplen Millonarios y Nacional en el torneo colombiano son nocivas para aquellos que directa e indirectamente están relacionados con ambos clubes. Para los hinchas ocupar los últimos lugares de la tabla de posiciones se traduce en fuertes golpes al orgullo, desengaño por parte del “ser amado” y exposición a burlas de todo tipo. No obstante, los principales damnificados son los mismos gestores de la debacle deportiva porque ellos construyen su carrera con base en lo que hagan en la cancha, desde el banco técnico o detrás de un escritorio.
En ese sentido, más allá de lo perjudicial que representa ceder terreno en el inicio del campeonato y así dificultar el objetivo de clasificar a los cuadrangulares semifinales, lo que directivos, cuerpo técnico y futbolistas de estas dos escuadras están poniendo en juego es su estabilidad actual y proyección inmediata. Por ejemplo, los presidentes de las instituciones pierden margen de maniobra sobre sus subordinados porque ellos pueden verlos como unos líderes sin la suficiente determinación para superar los momentos difíciles, afectando además la imagen de dos equipos grandes que, convertidos a chicos, pierden plus en distintos mercados (venta de jugadores, patrocinios –supongo que la gente de Adidas está decepcionada-, taquillas, etc). Esa situación puede desencadenar en que unos y otros no sean vistos a futuro como ejecutivos ejemplares, más aún cuando su gestión está en ojos y oídos de la opinión pública.
Y ni qué decir de cuerpo técnico y jugadores. Quintabani y Suárez han nutrido su hoja de vida con logros importantes, irrefutables, conseguidos gracias a sus capacidades y conocimiento del fútbol. Sin embargo, todos esos pergaminos pueden llegar a arrugarse drásticamente si el proyecto deportivo que encabezan continúa sumergido y al final se hunde. Para los futbolistas representa que su talento es insuficiente en el propósito de llevar a un equipo grande a la cima y que, trascendiendo lo que ellos denominan “atravesar por un mal momento”, se queden sin la posibilidad de salir al exterior y ganar mucho dinero (los jóvenes) o cerrar su carrera con más pena que gloria (los veteranos).
Nadie trata de hacer su trabajo de la peor manera posible. Es ridículo creer que azules y verdes preparen durante la semana un partido para salir derrotados. Sin embargo, los resultados de las primeras cuatro jornadas son implacables y demuestran que la tarea de entrenar, jugar, dirigir y decidir no se está haciendo correctamente. Hay que reorganizar la casa, detectar los errores y corregirlos para beneficio de todos.
La derrota tiene un sabor amargo y sus repercusiones afectan a los hombres y las instituciones. La credibilidad de dos clubes históricos de nuestro balompié está en juego. ¿Qué harán los responsables? Esperemos que lo mejor para sí mismos y sus divisas porque el tiempo y la afición no dan espera. Se pueden perder partidos, pero nunca mancillar dos nombres con gran valía: Millonarios y Nacional.