Javier Hernández BonnetEl éxito en el fútbol es producto de la planeación y no de la suerte
Julio 08 de 2008
Fue emocionante ver la felicidad de los boyacenses, cuando su equipo daba la vuelta olímpica como campeón del futbol colombiano. Con este triunfo se selló la fidelidad de una afición que sentía hasta hace poco que tenía un equipo prestado. El Chicó llegó de Bogotá como cualquier parroquiano, necesitado de afecto y de cariño, el que no encontró en la capital, que divide sus amores entre Millonarios y Santa Fe. Fue un matrimonio conveniente entre una región sin fútbol y una institución sin apoyo popular. Hoy los dos son ganadores.
Los boyacenses basaron su éxito en la continuidad de su técnico y de su nómina, algo que pocos equipos en Colombia saben mantener. Cinco veces Chicó clasificó a los cuadrangulares y las cinco veces Gamero estuvo en el banco. Las ideas y la memoria se mantuvieron intactas, mientras que muchos de sus rivales, se han pasado con el cambio de entrenadores, aprendiendo y desaprendiendo. Sacando y llamando jugadores.
La llegada a finales de algunos llamados chicos, como el Huila y el Cartagena, incluido el Deportivo Pasto que ya fue campeón, nos enseña que por encima de los nombres esta la organización y que de camiseta ya no se gana. El titulo del Chicó obliga a los históricos, a apostarle a los proyectos y no claudicar con la primera derrota, por presión de nosotros los periodistas o de los hinchas. Este titulo ha dejado un mensaje claro: el éxito en el fútbol es producto de la planeación y no de la suerte. Felicitaciones Boyacá. Chicó es un digno campeón.