La canciller Holguín debería pronunciarse. Esto es cuestión estatal. La imagen de un país en el exterior, condensada en la cabeza de su selección nacional, está en juego.
María Ángela, tan acuciosa para diagramar estrategias y solventar problemas de grueso calibre, debería reaccionar: este golpe de imagen es uno que Colombia no puede darse.
Para bien o para mal, la FIFA prohíbe que los gobiernos interfieran en cuestiones que competen a la federaciones de fútbol locales. No obstante, no sugerir desde el alto gobierno -como mínima medida y no necesariamente por parte de la Canciller- que mantener a Gómez rebobina unas cuantas décadas la lucha por el respeto incontestable a las mujeres, es síntoma de una historia de dos palabras: vista gorda.
La Federación no escuchó siquiera a Bavaria, patrocinador que le proveyó cheques millonarios durante veinte años. Probable es que ni siquiera hubiera escuchado o escuche una voz desde el ‘Alto Gobierno’, pero este blog no aboga porque la Federación aplique la lógica. Sí a que, desde lo más alto de nuestra clase dirigencial, alguien de peso muestre algo de… clase.
Clara López, Alexandra Moreno Piraquive, desde la alcaldía encargada de Bogotá y el senado, son mujeres que se han expresado desde sus posiciones de servidoras públicas… algo es algo.
Sin embargo, ¿a nadie en el gobierno le importa que donde la selección nacional viaje será –con justicia- rotulada por el incidente del ‘golpea-mujeres’? ¿A nadie interesa evitar que viajar a Colombia, aparte de implicar un posicionado riesgo de seguridad para los turistas, lo sea incluso más ahora para las mujeres?
Considero impensable que Bolillo Gómez siga. Imagínese un Bolillo profesor de colegio. ¿Mantendría su posición? No. Los padres protestarían hasta que la junta del colegio tomaría la decisión de sacarlo; otro escenario sería ridículo.
Al respecto, ¿a los técnicos no les dicen “profe”?
Hace cuatro meses, navegó en redes sociales un video de You Tube que exponía la crueldad de un grupo de policías bogotanos con perros callejeros, grabado por ellos mismos; policías de espíritu cruel y documentalista.
A través de un comunicado la policía afirmó que esos agentes ya no hacían parte de la fuerza. Dos escenarios se abren: creerle a las autoridades, y pensar que la lógica tuvo lugar, o dudar del comunicado, caso en el cual –al menos- se debe reconocer la acción de relaciones públicas: “esos” policías del video “ya no están en la institución”.
No librarse del escándalo de Bolillo no es una opción para un país como Colombia que tantas luchas de imagen a nivel internacional esquiva a tumbos.
Rotúleme como un esclavo del ‘qué dirán’, pero carajo, en serio, ¿QUÉ DIRÁN? A nadie en el gobierno parece importarle que la imagen del país –al interior y en el exterior- esté en manos de una Federación sin conciencia…
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El mundial Sub 20 terminó. Éxito o fracaso, el mundial terminó. Desde lo que la pantalla de televisión y los reportes periodísticos permitieron ver, el entusiasmo del pueblo colombiano fue notable.
Investigaciones indagarán sobre sobrecostos ligados a ‘proyectos’ tan refinados como la ceremonia de inauguración. Se quiere sangre, pero consideremos que puede haber sido simplemente cuestión de un muy malo y muy costoso gusto –¿acaso el low key no es un concepto dictado en clases de fotografía?- asociado a una transmisión nefasta.
Si bien el globo de los turistas extranjeros estalló pronto –¿los taxistas en Pereira pudieron practicar el Inglés que les enseñaron?-, en nada empañó lo relevante: el pueblo colombiano, junto a su selección en inicio y luego sin ella, hizo de este mundial su fiesta.
¿Hacía cuánto en Colombia no se veían imágenes de estadios colmados sin tensión de violencia ¿Hacía cuánto no veíamos a familias a disfrutar presencialmente el fútbol?
Si no fuera por la estela de duda sobre si los miembros de la federación mantendrán a Bolillo Gómez, el escenario sería prometedor. Se podría teorizar sobre el nacimiento de un nuevo fútbol, con ley del fútbol en aplicación, sin rejas, con la posibilidad de ver a la familia regresando al estadio… al torneo local…
Pero la estela de duda está más que resuelta, no es duda ya. Aplasta esperanzas sobre planes bien trazados, sobre lineamientos sólidos, justos.
Colombia no puede darse el lujo ‘marketinguero’ de incorporar al Bolillo como parte de una campaña contra la violencia contra las mujeres.
La federación –desde las acciones que ha tomado hasta el momento- dará mucha publicidad a su tratamiento psicológico, y luego le aplicará un castigo de agua tibia: la letra escarlata publicitaria. Carolina Sabino, después de un accidente la pasó muy mal, y encabezó una campaña sobre no tomar y manejar… Bolillo, imaginemos en casa el slogan que utilizará…
Malas noticias para quienes no disfrutaban de verlo en las publicidades. Caldo y dos tazas: comerciales de alguna gaseosa nacional, y por otro lado, comerciales de ‘bien público’.
Creo que será interesante, una vez se ratifique la posición del Bolillo, ver de qué color está hecho el público colombiano. La palabra boicot viene a la mente, hay líneas con las que simplemente no se puede tranzar.
Importante sería exponer las credenciales del psicólogo, o equipo de psicólogos que lo están tratando, aleccionando, ilustrando sobre humanidad básica. Si sus capacidades son óptimas y su equipo es lo suficientemente grande, podría tratar al grupo de dirigentes y jugadores que apoyan su estadía.

















