Hace un par de meses tuve una de las lecciones empíricas más memorables de mi vida adulta. Me encontraba en un bar muy distinguido de la ciudad de Bogotá con una amiga cuando de repente entró un joven alto, de ojos azules y pelo largo. De caminar tímido, con los brazos cruzados dentro de su chaqueta y la mirada fijada en el piso. Le seguí fijamente el recorrido pensando que “ese no es de por aquí”. A diferencia del Joe Arroyo, este claramente no era de tierra morena. Y, apenas me saludo, sentí en su acento la música de Gardel, el humor a vino y la pasión por el fútbol. Solo había un lugar del mundo del que podía ser.
Nunca antes me había sentido tan intrigada y atraída por el enemigo. Y, obviamente, nunca esperé que “el enemigo” viniera envuelto en tan fino empaque. No solo era guapo, sino chistoso, culto, inteligente y, lo que es peor, periodista deportivo. Su nacionalidad tenía que ser un chiste de mal gusto. Y, a pesar de nuestra común afinidad por el comentario futbolístico, me vi en la obligación de no mencionar mi columna en este prestante portal. Pues, en más de una ocasión (incluso en cada ocasión que encuentro) he vociferado, sin mayor preocupación o respeto, mi opinión poco bondadosa sobre la selección argentina.
Sobreviví la noche habiendo logrado evadir el tema de mi “experiencia periodística”, a excepción de un comentario de mi amiga que, fiel a su imprudencia nata, “metió la pata” y algo mencionó del bendito blog. Igual el comentario no pasó a mayores y lo dejé atrás proclamando el triunfo de haber mantenido intacto mi anonimato. Pero quedamos en volver a vernos y el día que íbamos a salir, mientras me arreglaba, me llegó un mensaje de texto suyo que decía “(…) en nombre de la mayor parte de la humanidad, agradezco a la selección alemana por darnos el placer de ver a los argentinos atragantarse con su arrogancia.” Y luego decía “Tenemos mucho de qué hablar”.
El hombre es esclavo de sus palabras, dice un antiguo dicho. Supongo que el equivalente actual sería decir que el blogger es esclavo de su “Word”. Odie en ese momento, mi falta de diplomacia, decoro, prudencia y general civilidad. Maldije mi extremismo pasional, la inestabilidad natural de la progesterona, el ciclo de la luna, el día del mes y cualquier y todos los elementos a los que puedo culpar por influir mi escribir. Pero me quedó claro ese día y para siempre, que el “pez muere por la boca”. Y para sobrevivir en un medio público, es mejor tenerla cerrada.
Ahora, estoy lejos de pensarme una persona pública. Por eso, lo mio fue vergonzoso pero intrascendente. Pero últimamente he escuchado un par de declaraciones que no se si me hacen reír o dar rabia por ser, en su esencia, absurdas. Comencemos con la Fifa por respetar la cadena de alimenticia e ir de grande a chiquito… de general a específico. Aunque lo de la Fifa no fueron declaraciones precisamente, sino el nombramiento de América, Nacional y Millonarios en su lista de los 120 equipos “clásicos” del mundo. Mis felicitaciones a los clubes y a los responsables por este gran mérito: Los hermanos Rodríguez Orejuela, el Sr. Pablo Escobar y su amigo, “El Mexicano”, Gonzalo Rodríguez Gacha. Es maquiavélico catalogar a los tres clubes con mayores vínculos al narcotráfico como “clásicos” por la entidad de fútbol más importante del mundo. Es casi dignificar la sangre con la que los Americanos consiguieron la gran mayoría de sus estrellas, o aceptar que la grandeza de un club puede ser comprada. Y, lo que es peor, por dinero mal habido. Clásico el Once Caldas, que ganó dignamente la libertadores y ha logrado crear una institución respetable. Reprochable la falta de prudencia y sensibilidad histórica del autor de esa lista.
Luego leí por ahí que el Bolillo advirtió que incluso con Pekerman en la banca, iba a ser difícil clasificar a Brasil. (Celos, malditos celos…) Siempre podremos contar con esas observaciones punzantes de nuestro antiguo seleccionador. Son fundamentales, pues irradian algo de luz en conclusiones de profundo análisis que serían, de lo contrario, difícil de alcanzar. Aunque es interesante esa afirmación si pensamos que tiene la autoría del mayor responsable por hacer eso que dice cierto. Lo que también cabe afirmar es que si con Pekerman va a ser difícil, con el Bolillo iba a ser imposible. Así que su “renuncia irrevocable” fue, en últimas, un “golpe” de suerte para nuestras posibilidades.
Pero en la categoría de mejores comentarios irreverentes y sin sentido, el ganador indisputable es el célebre Álvaro González Alzate, presidente de la Difútbol y Segundo Vicepresidente de nuestra prestigiosa Federación. Tiene un talento único este señor para ponerle los pelos de punta a sus compañeros de comité y hacer convocar ruedas de prensa extraordinarias de mitigación de daños. Y, además, es el único capaz de hacerme sentir lástima por Luis Bedoya, sin duda el más noble de mis sentimientos hacia él. Y justo cuando pensábamos que los comentarios que hizo tras el debacle del Bolillo eran de un nivel de estupidez insuperable, el Sr. González no solo demuestra lo contrario, sino que prueba sin duda que la ignorancia no solo es atrevida, sino que parece no tener límites.
Puedo entender que las generaciones pasadas hayan crecido en épocas de mayor intolerancia y menor información sobre temas como el Homosexualismo. Puedo aceptar que cada individuo tenga sus propias opiniones y respetar que obren de acuerdo a sus creencias y comodidades. Y, por lo tanto, el Sr. González Alzate tiene derecho a su opinión. Lo que no entiendo es cómo este señor, ocupando un cargo público, carece de los filtros necesarios para comunicarse públicamente sin avergonzar a todas las instituciones a las que representa y ofender comunidades enteras. Me pregunto que parte del cerebro no le funciona cuando le parece lógico decir que si la ofensa del Bolillo hubiese sido a Piedad Córdoba no sería tan grave. O que el homosexualismo es una enfermedad contagiosa.
Mucho se puede explicar de nuestro fracaso como país en el ámbito futbolístico cuando estos son los responsables por formar a nuestros deportistas. Es inaudito que un directivo de alto rango, que lleva más de treinta años trabajando con el deporte de este país, sea condescendiente con la violencia, alcahueta público de la indisciplina y promotor de la discriminación. Y lo que es peor es que su comportamiento causa revuelo pero no sufre de consecuencia alguna. Ahí está y ahí seguirá como la maleza que contamina los buenos cultivos y se camufla entre el ambiente volviéndose imposible de quitar.
Pero analizando con cabeza fría la situación he encontrado una serie de hechos que, al ser hilados, producen una conclusión teórica interesante. Comparto los hechos para que ustedes mismos formulen sus propias conclusiones. Hecho primero: en Agosto del 2011, González Alzate protagonizó un escándalo mediático al defender vehementemente al Bolillo Gómez tras su personificación pública de Rocky Balboa. Hecho segundo: A principios del 2012, González Alzate afirmó que en su experiencia, para ser árbitro en Colombia había que ser homosexual y que esa era una enfermedad altamente contagiosa. Hecho tercero: González Alzate hizo parte de la Comisión Arbitral, cosa que lo expuso a un contacto incrementado con estos portadores de esa “enfermedad altamente contagiosa”. Como quien dice, blanco es, gallina lo pone y frito se come…
De pronto algún día aprenderemos a no esperar resultados distintos de nuestras repetidas actuaciones. ¿Cómo le entregan a un Bolillo Gómez otra vez una selección de fútbol y no esperan que la lección número uno sea aprender a pasar la bola para atrás? ¿Cómo pretenden formar jugadores serios, profesionales y responsables si los ponen en manos de un Alvaro González Alzate? Y, ¿cómo pretenden que cualquier cosa cambie, si ante los actos más deplorables, no existe consecuencia alguna? Difícil.
Ahora, lo que verdaderamente no entiendo es porqué la cuenta de Twitter de González Alzate solo tiene dos seguidores. Está comprobado que las estupideces inaportantes generan audiencia. Cómo más se explica el éxito de Howard Stern o Daniel Samper Ospina? En todo caso, concluyo diciendo que espero de todo corazón que la Fifa se sensibilice, que al Bolillo lo abofetee su envidia y que González Alzate corra la misma suerte de su amado amigo, y salga aplastado como el sapo que es. --
E.
@EnaOssaEslait
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