Empresas, no mecenas
Enero 26 de 2009El tema futbolístico más trascendental en el inicio del nuevo año no involucra la calificación de los refuerzos que han llegado al balompié nacional; supera la expectativa por la participación de los clubes colombianos en la Copa Libertadores, y obnubila parcialmente la actuación de nuestra selección en el Suramericano sub-20 de Venezuela. Incluso, paradójicamente, tiene a un protagonista que a pesar de no vestirse de cortos ni estar en la zona técnica dando instrucciones, planteó el partido más dramático de la afición tolimense en los últimos años. El tema y el protagonista tienen nombre propio: Gabriel Camargo.
Ex senador de la República y hombre de negocios, Camargo ha sido ángel y demonio en lapsos muy cortos. Muchas personas lo respetan porque fue alma y nervio de las últimas campañas del conjunto pijao, en las que los resultados deportivos hablan por sí solos, incluyendo participaciones en eventos internacionales y un título obtenido en el segundo semestre de 2003. Sin embargo, también hay muchas otras que critican sus acciones y la fea costumbre de recibir el nuevo año con manos pendencieras, dejando la imagen del Club Deportes Tolima en el piso, con una tonada triste que anuncia que en el torneo no participará, aunque finalmente sí lo hace, además, generalmente, con buen suceso.
En esta ocasión la versión que indicaba que el equipo ibaguereño no estaría en el campeonato tuvo más fuerza que en oportunidades anteriores. Este tipo de sucesos no le hace bien al balompié colombiano porque mancillan su imagen y generan desconfianza entre la comunidad futbolística, pasando por hinchas, jugadores, dirigentes e incluso patrocinadores potenciales y en ejercicio. La crisis institucional vivida por el Deportes Tolima prende las alarmas sobre la estabilidad de aquellos equipos que dependen de un mecenas para subsistir. Si no que lo diga el Cúcuta Deportivo, exitoso en la época de Ramiro Suárez, pero vulnerable deportiva y administrativamente cuando éste fue a dar a la cárcel.
Por ende, la mejor manera para garantizar la presencia activa de una escuadra en el torneo es pensar como empresa. Hacer de los clubes sociedades anónimas donde existan muchos aportantes que simultáneamente sean garantes de su futuro institucional a través de un cuerpo colegiado es una alternativa completamente válida. Organizar estructuras corporativas, ordenadas bajo principios y objetivos a corto, mediano y largo plazo, alimentadas por un grupo de trabajo mancomunado con una junta directiva como cabeza visible y un presidente desprovisto de intereses particulares, es otra opción. Cuando existe organización gerencial y administrativa, las labores se facilitan.
Aunque algunos clubes del fútbol colombiano han ido paulatinamente en esta vía, la tarea aún está incompleta. Lo acontecido con el Deportes Tolima y el buen ejemplo dado por Equidad Seguros en el tiempo reciente, posiblemente permitirá que en el imaginario colectivo quede la impresión de que es mejor fortalecer la empresa deportiva a depender del mecenas de turno, una práctica que data del Renacimiento, pero que lamentablemente tiene eco en esta comarca en pleno siglo XXI.