Qué presencia tienen los argentinos. Tanta, que siempre causan algo; bueno o malo, está de más, pero “algo” imposible de ignorar. Siempre me resistí a sus encantos escudada en los estereotipos de pedantería, arrogancia y vanidad excesiva con que se les asocia. Y, obviamente, me uní al rechazo colectivo que muchos colombianos sentimos hacia ellos por creernos, erróneamente, rivales directos. Pero fiel a mi circunstancia zodiacal, siempre ha habido en mí una dualidad hacía ellos causada por ídolos y pasiones provenientes de ese país: Fito Páez, Jorge Luis Borges, Michael Brown, Lionel Messi, “Caminito” y claro, el gran River Plate, héroe los ‘azucareros’ por ser el verdugo definitivo del América en las finales de Libertadores.
Pero hace un par de días, mientras veía a José Néstor Pekerman posesionarse como dirigente de nuestra selección nacional de mayores, decidí obviar mis pasados resentimientos y evaporar cualquier residuo de mí odio infundado. Y, ¿cómo no? Su hablar pausado infunde una calma ausente desde hace años. Su figura seria y erguida proyecta la formalidad de su experiencia como formador. Su cariño por el pasado vivido en este país, manifiesta un compromiso adquirido como una responsabilidad personal. Y, sus logros como director técnico, son enumerados y tangibles (no como los “logros” del 5-0 o del 1-1), y pueden ser el comienzo de una nueva era que busca restaurar en los hinchas la fe, con la promesa de una selección digna y representativa de la pasión de este país.
“Necesitamos recuperar la mística”, dijo Pekerman, y con esas palabras, sentí (como pocas veces) que se alineaban las estrellas. Pues lo vengo pensando desde hace más de un año que celebré el regreso de adidas como modista de la camiseta. Y, con la llegada de este argentino a nuestras vidas, entiendo que lo que se respira es la sinergia de lo ocurrido en los últimos meses; la expectativa de la Copa América, la resurrección de la pasión pacífica con el mundial Sub-20, “el golpe” por la salida del ‘Bolillo’ y lo costoso que salió el chistesito de Leonel y Comesaña. Y, a diferencia de los mundiales pasados, esta vez encaramos la eliminatoria con una expectativa diferente y lo sabe todo el continente. Tenemos jugadores, tenemos equipo, tenemos posibilidades, tenemos camiseta y ahora, tenemos cuerpo técnico para terminar de afirmar que esta vez, sí tenemos con qué.
De pronto los rezos del famoso Chamán han servido para que escampe en más de un frente, pues se siente un verdadero cambio. Por primera vez, se está tomando una decisión fundamentada para el futuro que no proviene, ni es un intento por reconstruir nuestro pasado. Pues, como dijo el nuevo seleccionador “No solo se necesita historia, también se necesita actualidad”, y hace mucho tiempo que la Federación parece desactualizada, queriendo llegar a un nuevo destino mirando siempre por el espejo retrovisor hacia atrás.
Llegó la hora de seguir y el nombramiento de Pekerman es el primer paso hacia adelante. Ahora, puede que gane, o no. Puede llevarnos al mundial, o no. Pues el fútbol es impredecible, y con los mejores jugadores y técnicos, grandes equipos han sufrido grandes derrotas; y en la ausencia de ellos han alcanzado triunfos increíbles. Pero lo que sí es cierto es que, mientras le permitan “gobernar”, Pekerman encabezará el arduo proceso de formar una nueva ideología que trascienda más allá de esta generación. Buscará consolidar un equipo con grandes individualidades (y no lo contrario), tratará de generar semilleros dentro de la liga nacional trabajando con los técnicos de los clubes, infundirá los parámetros bien necesitados de la disciplina y la educación desde las selecciones inferiores. Y, si sabemos aprovechar todo eso, de pronto también logrará cambiar nuestra mentalidad y darnos una meta a futuro más acorde a la pasión que tenemos. Pues quizá algún día no tendremos como objetivo tan solo llegar al mundial, sino lograr obtener en estos, algún lugar.
“Creo poder captar(lo)”, como dice mi querido Fito, que este es el regreso de nuestra Mística. Así que hoy, lejos de odiarla (o quizá envidiarla), celebro a la Argentina. Celebro su música, su literatura, la excelencia de sus vinos y sus carnes, y esa raza de facciones tan agradables a la vista femenina. Pero ante todo, celebro la tradición, el conocimiento y la pasión enfermiza que tienen los argentinos por el fútbol, y que trae el Profesor Pekerman como fundamento de su promesa de trabajo. Y al hacerlo, creo que llegamos al final de las sudaderas y las groserías del ‘Bolillo’, de la rosca de Maturana, de la inexperiencia (incluso bien intencionada) de Leonel, y de la ruleta rusa de técnicos amigos de los directivos que asumían un largo proceso hasta el primer partido perdido. Creo que es el final de la Selección de la Federación y el principio de la Selección de Colombia. Falta esperar que este Tigre dormido despierte y nos devuelva, con triunfos y goles, esos viejos gritos de emoción.
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E.
@EnaOssaEslait
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