La estrella ya brilla en ManizalesPorque te he visto crecer, gracias Once de mi alma
Diciembre 20 de 2010Te conocí, Once Caldas, cuando eras un pequeño lleno delágrimas en el rostro, conformado por tu afición. Cuando vivíamos de lejanasvictorias alcanzadas por antepasados, que para nosotros parecían casiprehistóricos.
Solíamos apegarnos de fotografías a blanco y negro, con lailusión de encontrar algún rasgo familiar entre los viejos héroes de AlfredoCuezzo. Solo el amor por el nombre y el escudo, de nuestro equipo, nos hacíaquerer aquellos desconocidos que alguna vez hicieron gesta con el fútbol enManizales, pero que nunca vimos los aficionados de las generaciones actuales.
Sin embargo, amamos sinceramente la estrella solitaria deaquel escudo, amamos la gesta que no vivimos y la narrábamos como si hubiéramosestado allá mismo en la vuelta del Alfonso López, en Bucaramanga por esos díasde 1950.
Ah, qué días. Sólo vivíamos de ese recuerdo espurio y deesporádicos reconocimientos al estilo de la medalla por el juego limpio y cosasasí. O de algún comentarista que dijera: ¡que equipo gallardo es aquel deManizales!, vendió cara su derrota, fue un digno rival y harteras de ese tipo,propias de los equipos en pañales.
O del peor sofisma de todos: aquella popularizada fama delexquisito gusto futbolero de la afición manizaleña, razón por la cual aquí seconformaban verdaderos equipos que exhibían el llamado ‘juego bonito’; pero quenunca ganaban nada.
De eso, y algunas clasificaciones ocasionales al hexagonal,octogonal o como se llamase, era de lo que vivíamos cuando te conocí, OnceCaldas. Un ‘pequeñuelo’ lleno de palizas propinadas por los más grandes ymatones del vecindario futbolero nacional.
Así es, teníamos el trasero colorado por las palizas, aún nohabía desinflamado cuando llegaba otro matón y a ‘rejo’ nos ‘cascaba’. Ya nosdaba era miedo: y por eso los pañales, unos ‘pequeñuelos’ en pañales.
Pero aún así te queríamos, aún así gozábamos, con todo, laspocas y pírricas victorias que lográbamos en partidos regionales. Y mucho máscuando, alguna vez, un buen resultado traíamos de alguna de las capitales delfútbol nacional.
Pero has crecido Once Caldas, te he visto crecer equipo delalma. Hemos visto cómo se van conformando las fases de la historia: ya no hayque profanar a Cuezzo al intentar actualizarlo, sino dejarlo en el lugar dehonor que verdaderamente tiene: el lugar del mito, tan necesario para tenerhistoria.
Y cuando la historia se cimienta en el mito fundamental, lafuerza de la historia corre, por cuenta propia, a torrentes de hechos. Asíaparecen las luchas libertarias, como el primer gran intento fallido de aquellafinal perdida en 1998.
Y así surgen las epopeyas y los héroes amados por el pueblo,como Luis Fernando Montoya; y así surge la identidad y el orgullo, y así haycabida hasta para héroes más polémicos y divisorios como Javier Álvarez. Así,hay marcha hasta para dejar al fuerte pero pasional héroe, y establecer alhombre racional pero falible, como Juan Carlos Osorio.
Cuezzo, Montoya, Álvarez y Osorio, cuatro nombres, cuatrotítulos y constitución de las fases de la historia: de los dioses y mitos,pasando por los héroes, hasta la planificación y los errores del hombre. Todoun tránsito, toda una historia.
Nuestra historia, la de los hinchas del Once Caldas: elrostro de una afición que puede decir, como dice la canción, “yo te conozco deantes, desde antes del ayer…”, y agregar: te vi crecer pequeño Once de mi alma,te veo escalar Once Caldas. Te conocí, desde antes de crecer.
Fuente: D- Content